El Gobierno federal alemán quiere introducir un impuesto sobre el azúcar en los refrescos, tanto para aliviar la carga del sistema sanitario como para moderar el consumo. Los Países Bajos también tienen los mismos planes para 2030. Pero, ¿cuál sería el efecto en la práctica?
La salud como justificación explícita
En Alemania, el Gobierno quiere introducir un impuesto sobre las bebidas azucaradas a partir de 2028. La medida debería reportar unos 450 millones de euros al año, una cantidad que se destinaría directamente al seguro médico obligatorio para aliviar la presión sobre las primas. El Gobierno neerlandés también está trabajando en planes para introducir a partir de 2030 un impuesto adicional sobre todos los productos preenvasados con más del seis por ciento de azúcar.
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