No será el propio consumidor, sino agentes autónomos de IA quienes decidirán en el futuro qué, dónde y cuándo se compra. Para las tiendas físicas, esto no supone una sentencia de muerte, sino un reinicio radical: quien siga basándose únicamente en las ventas por metro cuadrado se verá en apuros. Así lo revela un nuevo estudio de ING.
Del cliente al algoritmo
Las calles comerciales llevan años reduciéndose: en el sector no alimentario neerlandés, el número de establecimientos físicos ha descendido un 21 % en diez años. La explicación es bien conocida: el comercio electrónico crece más rápido y ejerce presión sobre los precios, mientras que los costes de alquiler, energía y personal siguen siendo elevados.
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